Tuesday, December 23, 2014

Última Versiòn de Navidad


La mañana en la ciudad es caliente como de costumbre. El cielo está nublado. El viento sopla en cámara lenta pero lo suficiente para disimular la alta temperatura. Hay un buen pronóstico para hoy. Aunque con los cambios desordenados de temperatura, ya nadie cree en meteorólogos.Es víspera de navidad. Alejandro Villa es un ciudadano como la mayoría. Quiere ir a comprar una camisa y unos zapatos antes de que su prima navideña sea historia. Recuerda que debe comprar un regalo  para su tía. La única que tiene en la ciudad y a la que frecuenta muy seguido. Sale de su casa persuadido por el aroma a fiesta que deduce por el bullicio de los niños en vacaciones, sus vecinos que entran y salen con bolsas de regalos de todos los tamaños, las luces artificales y centelleantes de la noche y los anuncios alucinantes y creativos de los medios: catàlogos llenos de color, comerciales que combinan rimas navideñas con sonrisas de gente con cara de triunfo, banners en la internet con porcentajes gigantes informando promociones y descuentos, vallas publicitarias en lo más alto de la ciudad recordando trasnochones y madrugones sólo por escasas horas. Atmósfera de diciembre, de navidad, de año nuevo. Ha decidido ir en bicicleta. Ya verá como hace para volver con el par de paquetes que tendrá que cargar a su retorno. Prefiere eso a ir en carro. No vale la pena. Sabe que las avenidas estàn atestadas de vehículos, motos, camiones y no quiere pasar por el estrés de esperar largas filas hasta que el tràfico fluya. Acierta con su decisión. La calle que lo conduce al centro comercial huele a exhosto. El humo de los carros aumenta la temperatura y  el estruendo de los pitos de los conductores impacientes es sofocante. Afortunadamente las tiendas estàn cerca de su casa. Se escurre entre el tráfico hasta el centro comercial en veinte minutos. Con voz victoriosa dice: “En mi carro me hubiera tomado cincuenta minutos”.  A pesar del afán de las fiestas, no se siente abrumado. Està acostumbrado a su vida citadina, aún màs, la disfruta.  Cuando llega al centro comercial se asombra. Mucha gente corre de un lado a otro. Se atropellan pero no se excusan. Todos entienden que es navidad y es natural. Las disculpas se otorgan automaticamente. Buscan los descuentos. Rostros de felicidad o de insastifacción. La sección más concurrida y que ocupa màs espacio es la de los aparatos electrònicos. Se detiene a mirar. Tiene tiempo. Examina con detenimiento telèfonos celulares y tabletas con funciones impensables hace unos pocos años o tal vez meses atrás: resoluciones de pantallas que desafìan lo tridimensional, velocidades de navegaciòn que casi se burlan de la rapidez del sonido, juegos que prometen ser adictivos, diseños ergonómicos insuperables, competitivos, inquebrantables. Alejandro esta deslumbrado. Està de acuerdo, lo que tiene al frente no tiene precedentes, no ha sido escrito. Ningùn ojo lo ha visto. Se siente afortunado de vivir en esta era tan avanzada de la ciencia, de las cosas insuperables, elegantes. Sin embargo no compra. Los precios son exorbitantes y a pesar de la tentación, conoce el truco gracias a experiencias pasadas. Contradictoriamente lo que hoy es tecnologìa de punta, mañana, casi literal, será basura, chatarra. Se alegra de pensar así (por fin). Sonríe y por su deducción, se siente superior. Se dirige a la sección de ropa. Està atiborrada de gente mirando, agarrando prendas de todos los estilos y diseños. Las de última moda, las del año pasado, las clásicas. Observa que las personas las sostienen al frente casi en ángulo recto con sus ojos y parece que se imaginan luciéndolas. Una sonrisa tímida pero destellante se dibuja en sus caras. Arrojan las prendas en sus canastas. Otros las desechan. Un niño que llora en el suelo haciendo pataleta, capta su atenciòn. Se ve cansado. Quizá de ver a su mamá mirar, agarrar, sonreir, imaginar y desechar cuanta prenda examina una y otra vez. "Seguro quiere volver a casa y ocuparse de su juego, el que dejò pendiente obligado por mamá" piensa. Recuerda no haber visto la secciòn de libros y revistas a la entrada del centro comercial dónde solía estar. Se pregunta qué habrá pasado. No le preocupa comprar la camisa y los zapatos por un momento. Se dirige al punto de información y confundido, pregunta dónde está la sección. El empleado, bastante ocupado, no lo mira pero le dice que no sabe, no se ha dado cuenta que la han movido. Hace una llamada telefónica interna que dura diez segundos. Rápidamente le confirma: "Señor, está en la cuarta entrada por este pasillo al lado derecho suyo". Alejandro le agradece. El empleado no responde. Alejandro camina hasta encontrarla. Hay sólo un estante largo y abandonado. Una revista de farándula capta su atención. Uno de sus cantantes favoritos está en la portada. Anuncia su nuevo matrimonio y sus nuevos proyectos discográficos. Lee los títulos y subtítulos del artìculo rápidamente. La secciòn está desierta. Sólo una mujer de unos treinta años mira, curiosea absorta. Alejandro escarba un poco màs en el estante. No tiene la intención de comprar. Poco le llama la atención. Piensa que los libros del estante son muy mecànicos, repetitivos, predecibles.  En un rincón del estante hay un par de ejemplares de libros famosos de Isabel Allende y Garcia Márquez. Están en promoción. Nunca ha leído un libro de Allende. Decide llevarlo. Lo pone en su canasta junto con la revista de farándula. La mujer se entromete de reojo por un segundo en la canasta de Alejandro disimuladamente como tratando de buscar alguna recomendación y tomar una decision de una vez por todas. Alejandro decide  volver a casa, tiene hambre y no quiere comida de tienda. Prefiere preparar algo en casa. Hace una fila de treinta minutos para pagar su compra. La camisa y los zapatos  tendràn que esperar. “Por la tarde podrìa volver, de pronto habrà menos gente” piensa con determinación. De camino a casa, se distrae pensando en una biblia que su tìa le regalò hace un tiempo atras y que ha leído disciplinadamente este año, aunque no es muy religioso. Recuerda, sin embargo, un texto del niño Dios o de Jesùs, el del pesebre. Ignorado por sus coterráneos y perseguido por la mayoría de los líderes religiosos y gobernantes de su tiempo. Por lo menos eso había leído curiosamente y concluye:  “No gozaba de mucha popularidad. ¡Què incoherente con la que tiene hoy! ¿Se sentirá agasajado, homenajeado? ¿Quién sabe? y si volviera a nacer ¿cuàl serìa nuestra reacción? ¿sería bienvenido? y si enviara un mensaje ¿qué pensaría de estas fiestas?". Su reflexión hizo màs corto su regreso a casa. Se alegra de haber llegado aunque se siente inquieto por todas sus preguntas. Quiere respuestas pero no las encuentra. Desearía que alguien las respondiera. Algunas las deduce por sentido común pero no es suficiente. Quiere más evidencia. Nunca se ha sentido así. Decide seguir buscando. Ya habrà el momento, piensa. Por ahora el hambre asedia.


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