Tuesday, January 13, 2015

Asombro


Busco el asombro todos los días como si no existiera mañana. En ocasiones lo encuentro pero dura poco, se convierte en vanidad. Un espejismo de la eternidad. Un día me abstraigo en el momento exacto de la despedida del sol detrás de las montañas rocosas y encumbradas de los Farallones que veo desde mi ventana escoltado por nubarrones limpios y algodonados que destellan un color diferente cada segundo pero del que sólo reconozco el amarillo, el naranja, el rosado, el rojo. Eso es asombroso. Pero dura uno, tal vez dos minutos mientras termina el aviso que la luz del día ha llegado a su fin y nos abandona a la oscuridad. Otro día camino despacio por la ladera del Río Meléndez, mucho más despacio hasta que me detengo frente a una planta. Una de sus hojas, como un brazo extendido casi toca mi cabeza. Aprovecho la pausa en mis quehaceres, me burlo del tiempo y de mi rutina y miro de cerca el resto de sus hojas. Mis ojos se acostumbran a la cercanía de la planta y a sus detalles. Aparece un insecto. La verdad, ya estaba allí. Me imagino que me mira exhibiendo sus colores. Muchos, debido a los límites de mi humanidad, no los puedo percibir. Su cuerpo está revestido por una coraza compacta, como un soldado diligente preparado para la batalla. Después de diez minutos se aleja. Esto me asombra, pero se extingue.

Absorto en mi frustración, me acuerdo de ti y te encuentro una vez más. Miro tus ojos centelleantes como los rayos del sol y me bañan de vida. Escucho tu sonrisa espontánea, graciosa. Sin asomo de engaño. Me hablas, me preguntas y pienso más de lo debido mis respuestas. Me observas y cuido mis pasos. Me doy cuenta que ahora soy yo el que te quiere asombrar. Descubro una  vez más el asombro en ti. Pero esta vez es diferente, es completo, permanece. Constante como una línea, sin principio ni fin, como el universo extenso, majestuoso. Entonces logro ser, sonreir, confiar.  




1 comment:

  1. Entiendo esto. Me sucede. La cotidianidad me invita a ser trascendental por fuera de la ruina. Y también siempre tengo a ese otro interlocutor de mi existencia exigiéndome ser atinado en los pasos que doy, en mis ideas y en lo que siento.

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