Monday, February 2, 2015

Vida Nocturna


La noche se entronizó aferrada a la idea de que existe. El Se lamentó que el sol se hubiera escondido, o que la tierra le hubiera dado la espalda, pero lo que al principio parecía aterrador se fue volviendo natural con el paso de los minutos. Después de unas pocas horas en medio de la oscuridad, sintió su cuerpo desvanecerse y la noche era aburrida. No valía la pena permanecer de pie. Aunque unas  pocas luces destellaban, no eran suficientes para mantenerse despierto. Era asunto del destino. Como cada dia, la noche debía venir. Parece que  le recordaba o le enseñaba algo pero él no se entera de momento, como a un niño cuando se le instruye y cae en cuenta de la enseñanza de la lección cuando ya está crecido. No tardaría mucho en quedarse dormido. Su posición horizontal y en forma fetal hacía que su cuerpo comprendiera paulatinamente el mensaje. Sus músculos comienzan a relajarse, su cabeza se hunde en su almohada. Siente el calor de su oreja friccionada contra ella y la voltea una y otra vez aunque más como una muestra de rebeldía a su nuevo estado de quietud. Esto distrae su sueño por diez minutos pero ya el cuerpo y su cerebro estan programados. En cualquier momento sucumbirá ante el abismo que no reconocerá. Antes, pensará en la rutina del día y la de mañana. Está convencido de que habrá mañana. Aunque va a dormir que es como morir. En medio de sus pensamientos coherentes y entre tres palabras que se quieren unir para formar una frase inteligible, se entromete otra sin sentido que le confunde sus ideas hasta ese momento comprensibles. Al principio se da cuenta y reconoce la línea fronteriza entre la consciencia y la subconsciencia y se ríe de sí mismo porque la frase resulta graciosa. Se alegra de saber que pronto se quedará dormido, porque nada más aterrador que estar acostado para dormir y permanecer despierto más tiempo de  lo debido. Al saber que su estrategia le funcionó, se zambulle en otro pensamiento con oraciones más complejas y las palabras intrusas como fantasmas vuelven a aparecer. Esta vez no tiene alientos para analizar ni burlarse de él mismo. Se queda dormido. Pasan dos quizás tres horas. No hay nada en sus recuerdos. No hay imágenes, ni palabras, ni reflexiones, ni ideas, ni planes. De repente, de la nada, se cuela un sueño que no tiene principio. Como cuando un televisor se enciende y refleja una imagen a la mitad de una película que ya creímos haber visto, por lo tanto hay una idea vaga suficiente para encarrilarse en la secuencia y poder terminarla. Como todo sueño, nada más parecido a la realidad pero tan tangible como ella misma. Se siente cómodo. Es un sueño de rutina con episodios de lo que quisiera ser y no es, de lo que quiere tener y no tiene. Se recrea en su sueño que no reconoce como tal. Es su realidad. Lo será por un par de horas aunque en medio de él, podrían transcurrir días. Su cuerpo casi inmóvil Sólo con la evidencia de estar vivo por el hálito de su respiración, sus ronquidos sonoros y molestos, y otros movimientos musculares torpes e involuntarios. Como la luna, sin vida, gris ceniza, pero con la compañía del resplandor del sol que la hace protagonista nocturna sin ella pedirlo. Fue el sol quién la eligió para que resplandeciera, para que no pareciera inerte en medio de la oscuridad. En su instante de fantasía lleva a cabo planes, vive una vida de cortos episodios sombríos, otros felices. Todo esto en un par de horas o un poco más. Luego su historia se apaga o no la recuerda. Vuelve a la oscuridad, a la nada. y cuando parece que ha quedado abandonado en medio de un vacío inexplorable, una luz tenue  pero potente se estrella sobre sus párpados.  Abre sus ojos pesados con mucha dificultad, su cuerpo sigue aún aprehendido a la penumbra de su subconsciente. Es un día claro, amarillo pálido. Ya el sol sale en el oriente y le avisa con tranquilidad y con precaución que su estado de letargo ha terminado. Que la luz que le resplandece le dará sentido real a su nuevo día. Él no cree, cierra de nuevo sus ojos, se resiste. Prefiere seguir escondido, opaco, en la sombra. No está preparado. No esperaba tanta luz, estaba acostumbrado al estado casi moribundo de su cuerpo y a la oscuridad de su cuarto. No lo comprende. Anoche antes de dormirse tenía una fe ciega en la mañana y hasta llegó a anhelarla, pero ahora que está aquí, incomprensiblemente, la rechaza. Después de varios segundos de inconformidad y frustración acepta el desafío poco a poco, lentamente. El mañana, el que lo fascinó antes de dormir, ya está aquí.

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